La compositora navarra viste de honestidad y ritmo una canción que sigue mostrando su esencia y evolución musical

Después del éxito y la sensibilidad que nos dejaron sus dos primeros trabajos Otras Alas y ep2, Natalia Lacunza sigue dando muestra de su talento, fiel a su esencia artística pero con la necesidad de avanzar hacia un nuevo camino. Siguen estando presentes la libertad y la capacidad de reinvención, algo fundamental para los artistas que saben que no todo está inventado y que lo que te dicen las tripas es lo que debemos escuchar y dar voz.
Hay personas que marcan, nombres que se cuelan en el alma durante un tiempo, que reescriben historias y recuerdos. Nuestro nombre deja huella, lo hace al hablar de un sentimiento compartido desde la melancolía y la nostalgia, explorando un género donde su voz se asienta con fuerza. Estamos hablando del synth-pop ochentero, donde Natalia acompañada de las chicas de su banda nos habla con gran acierto musical del desamor, en concreto, de una ruptura y “el enamorarse” bajo el sonido pegadizo de los sintetizadores y marcadas referencias que nos recuerdan a The Weekend.

En este nuevo tema, encontramos un sonido distinto que nos traslada a la embriaguez y la reproducción on repeat. La personalidad y el carácter artístico de la joven siguen marcando su trabajo, alejada de esas baladas sad que han caracterizado sus primeros pasos musicales. Ahora, Natalia busca un cambio y consigue romper con esa tendencia con un single que es el adelanto de un sensible y prometedor tercer trabajo. Con sorpresas y una ventana siempre abierta a la magia de la que es una de las voces más potentes del pop actual.
Nuestro nombre tiene sello y mucha luz, perfecta para esos días grises en los que necesitamos viajar lejos y refugiarnos. La música de Natalia Lacunza es el mejor estímulo para hacerlo. Tras explorar el pop urbano en sus últimas colaboraciones, con esta canción da un paso más, ofreciendo una curiosa mezcla entre lo clásico y lo actual con una producción muy pegadiza, obra de Anxo Ferreira y un importante peso de la guitarra eléctrica.
A Natalia no le importa arriesgar. Lo hace sin perder su esencia que nos enamoró en su debut, haciendo gala de su polivalencia. Una voz que cala en el cuerpo y en el alma, un talento que no tiene techo. Empieza una nueva era en la carrera musical de la navarra que sigue emocionando con un camino muy trabajado y sincero.
Natalia Lacunza aún tiene pendiente el estreno de su colaboración con Chill Chicos y su unión con Aitana en Cuando te fuiste que forma parte de 11 razones, su nuevo disco.
