‘Salvamento’ emocional: Belén Aguilera firma una noche de catarsis en Madrid

La artista catalana se abre en canal en su primer concierto en el Movistar Arena para presentar Anela, su tercer álbum de estudio, un proyecto experimental en el que la lírica y los ritmos orgánicos rubrican su sello a través de temas que son balas teñidas de intimismo, desahogo y empoderamiento.

Un momento del concierto de Belén Aguilera en Madrid. (Facebook/Movistar Arena España)
Un momento del concierto de Belén Aguilera en Madrid. (Facebook/Movistar Arena España)

Belén Aguilera es una enredadera emocional que crece a pasos agigantados. Bajo sus delicadas composiciones, a través de sus vivencias y su gran dominio vocal, la cantante construye un “ático” sanador en el que muchos querrían quedarse a vivir. Porque en ella hay una verdad elevada a la máxima potencia. Una clara intención de “convertir el dolor en algo precioso”, como anoche confesaba a su público. Fuimos conscientes de ello desde las primeras covers que subía a su canal de YouTube. Entonces era thegirlandthepiano, y sus conciertos se reducían a pequeñas colaboraciones con marcas comerciales.

Pasó por el talent de La Voz, donde llegó hasta la ronda de Batallas, y también se presentó a Operación Triunfo. En este último,  no logró pasar, pero fue elegida como telonera del concierto de la gira de la edición de 2017 en el Estadio Santiago Bernabeú, en la que Aitana resultó ganadora. Muchos aquella vez no prestaron la atención que merecía, mientras otros tenían una certeza: sabían que esa joven que ya brillaba a golpes de honestidad, sin miedo de mostrarse rota, tendría un camino más que fructífero en el mundo de la música. Dicho y hecho. En 2019, Belén Aguilera publicó su primer EP Dormida, con temas como Ilesos, Tus monstruos, la colaboración con Raoul Vázquez, Jaque al rey o Sálvame tú. Fue la primera incursión baladista que luego prosiguió con Como ves no siempre he sido mía (2020), su debut discográfico en el que muestra sus costuras, sus miedos e inseguridades. Al igual que sucede con sus proyectos musicales, el directo de anoche fue una montaña rusa de emociones, una catarsis que supo a poco. Aún nos dura la resaca. Seguimos en ese show embriagador cocinado a fuego lento.

Domingo. 12 de octubre. Día de la Hispanidad. 20:30 horas. Movistar Arena. Solo faltaban unos minutos para que Madrid fuera testigo de un sueño cumplido, el de una artista que lo mismo te desgarra y sumerge en la sad era con una canción dedicada a su abuela ya fallecida como te hace vibrar con temas más bailables que parecen parte de un mundo ilusorio.Su gran carta de presentación es Anela, un universo de contrastes, de arreglos de cuerdas y sintetizadores. Temas que conservan la esencia de Belén Aguilera con un marcado lirismo que se aprecia en sus movimientos y una puesta en escena ligada a un mundo onírico y de fantasía. Luces apagadas, y una ovación ensordecera que anticipa el inicio del concierto. La sábana blanca que actúa de telón empieza a levantarse y llega ella, una artista que siente la necesidad de crear para refugiarse de la realidad, a veces injusta, oscura y otras veces, luminosa y afable.

Belén Aguilera, venía avisando: “habrá alguna lloradita”. Y así fue en temas donde la voz de la cantante se escuchaba limpia, y siendo un abrazo muy cálido. Momentos emotivos hubo muchos, pero el que suscitó una reacción unánime fue Soledad, un recuerdo a su “yaya Sole” y se desahoga al cantar a su propia soledad. La velada recorrió algunos de los grandes éxitos de Belén Aguilera, como Lolita, Camaleón o Copiloto que se entrelazaron con nuevos temas que ya apuntan a ser esenciales en su repertorio, como Bruja, Eclipse o Ahora que estoy bien. El escenario, de estética teatral y envuelto en largas cortinas blancas, aportaba un aire dramático que se convirtió en el telón perfecto para la aparición de varias artistas invitadas.

La primera en subir fue Samuraï, con quien compartió su ya conocido De charco en charco. Después llegó Julieta, la nueva referente del pop en catalán, con quien interpretó Thelma&Louise en una actuación donde la conexión entre ambas era palpable. El broche lo puso Métrika, que sorprendió a todos los asistentes con el remix de Dama en apuros.

Una ausencia destacada fue la de Lola Índigo, coautora del éxito La tirita. Aguilera se refirió a ella con cariño: “Ha faltado Mimi, que no ha podido venir esta noche, pero me ha mandado un ramo de flores”, explicó desde el escenario. Uno de los grandes logros de la noche fue la perfecta fusión entre temas como Licántropo, Ilusión óptica y Mr. Hyde con la energía que la DJ Ruptura aportó desde los platos. Un auténtico estallido de delirio electrónico que contagió al público y transformó el recinto en una pista de baile. Ese impulso contrastó con los momentos más íntimos de la noche, marcados por piezas a piano que lograron un silencio absoluto, casi sagrado, entre los asistentes.

Hacia el final, Belén Aguilera dejó ver su yo más teatral al interpretar Laberinto con un guiño a El fantasma de la ópera y regalar un baile lleno de sensibilidad al lado del bailarín Joaquín Ruiz. La artista manifestaba su deseo de que este show fuera “un viaje, como ha sido este concierto, como ha sido mi carrera. Que sea como un abrazo”. Momentos después, quiso dirigirse a sus fans para agradecerles todo el amor que le han brindado. “Muchas gracias por apoyarme en todas las etapas”. Además, quiso reflexionar sobre la naturaleza efímera de la vida. Como una ola se lo quiero dedicar a mi amigo Ricky, que ya no está entre nosotros”, dijo visiblemente emocionada.

Belén Aguilera se reafirma coma una de las artistas más solventes del panorama nacional. La chica del piano es nuestra salvadora particular, una deslumbrante storyteller que hace terapia desde las entrañas. Haciendo alusión a la letra de una de sus canciones, la cantante se ha convertido en una flor de loto, resiliente y símbolo de la autorregeneración y el renacimiento creativo. Su música transita entre el pop, el piano y la experimentación. La catalana se desnuda emocionalmente en cada verso, y eso la convierte en una voz imprescindible dentro de la nueva generación de artistas que hacen de la vulnerabilidad su mayor fortaleza.

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