Amaia y una noche que quedará en nuestra mente

amaia madrid
Fotografía: Ester Ramón

Amaia cerró su doblete en Madrid con un concierto irrepetible dentro de la programación de Inverfest 2020

Hay talentos inexplicables que llegan a tu vida para reenamorarte de la música, la de verdad, sin filtros, en una intención de libertad indómita que no se esconde. Los primeros ápices de personalidad, pasión, calidad, atrevimiento y desenfado aparecen entre los dedos de Amaia Romero que se hunden en las teclas del piano en forma de milagroso baile. Nuestra mirada no puede despegarse del escenario durante toda la noche. Un escenario convertido en campo de margaritas y buenas sensaciones.

Su encanto es innato, goza de una belleza vocal indiscutible y su interpretación es brillante, al igual que su cariñosa entrega con el público que se emocionó en cada verso y se dejó la voz siempre que pudo. Natural y ocurrente cuando se dirigía a Madrid, su segunda casa, versátil en su virtuosismo con el piano y su manejo con la guitarra. Amaia de una canción a otra es delicadeza y fuerza imparable con sus “saltitos” particulares que de forma inmediata provocaron una sonrisa.

El Teatro Circo Price de Madrid acogía su última noche en la capital. Sin duda, una de las más especiales de su gira Pero no pasa nada. El público enloquece cuando le ve aparecer. Se sienta al piano y empezamos a escuchar Un día perdido. Sorprende que la gente evita sacar los móviles, están presenciando algo único y lo verdaderamente importante es disfrutar y dejarse llevar por la luz de Amaia y una música que llega al alma. Un aluvión de aplausos y llega el tuno de Todos estos años. Si se pudiera imprimir un recuerdo, sin duda eligiríamos el que vivimos anoche de la mano de una de las cantantes con más ángel del panorama musical.

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Fotografía: Ester Ramón

Las canciones de su primer disco cogen fuerza gracias al acompañamiento de su banda formada por Paula Vegas, encargada de los sintetizadores, Aleix Bou, en la batería, Nuria Gráham, a la guitarra y Miquel Sospedra, al bajo.

Amaia comienza a cantar Vamos a mentir y el público le acompaña con palmas. Todas sus canciones tienen algo especial, un sonido adictivo encerrado en altos y bajos que se convierten en unión incondicional con el público. Una canción que habla de “explotar de felicidad” y es algo con lo que se sentirán identificados las personas que anoche acudieron a su concierto. Salieron felices, con ganas de volver. Jóvenes, familias, compañeros de profesión y amigos como Roi, Nerea, Natalia y Ricky no quisieron perdérselo.

“Muchísimas gracias por venir hoy a verme”. Fueron las primeras palabras de Amaia. Llegaron los aplausos. Y prosiguió. “Me gusta mucho Madrid porque aquí hay mucha gente que conozco, hasta más que en Barcelona que es donde vivo”. Madrid siempre le recibe con los brazos abiertos, le quiere, le admira y le abraza muy fuerte. Con la naturalidad que le caracteriza confesó que no se había preparado algo diferente para los dos días pero no hacía falta porque las personas sencillas como ella no necesitan ensayo. Todo fluye en su conexión con el público.

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Fotografía: Ester Ramón

La artista siguió interpretando los temas de su primer disco con gran maestría. Llegaba el momento de una de las favoritas. “Guapa”, “reina”, gritaban desde las gradas. Los vítores y aplausos se sucedieron cuando Amaia anunció Quedará en nuestra mente. Esa canción que te recuerda a una persona de tu vida, a una historia, a un adiós. Su particular pop, alejado de lo moderno, lo común y lo trillado, es inundado de composiciones bonitas y sencillas que realzan su frescura y magia vocal.

Amaia no ha elegido el camino fácil, el de ser arrastrada por la fiebre comercial, no se ha dado prisa en publicar su primer trabajo y tampoco hacía falta. Porque lo que nos presenta es mucho más válido, poderoso y deslumbrante que todo eso. También fue un concierto de descubrir esos nuevos temas que aún no ha sacado pero que quiso cantar a Madrid. Me gusta bailar que recuerda en sonido a La Oreja de Van Gogh, Los Fresones Rebeldes y ese pop de los años 60 tan pegadizo. En un ejercicio de honestidad con el público, “me he equivocado con la letra pero no pasa nada”, aseguraba la joven, mientras sus fans respondían con aplausos.

“Quiero que quieras quedarte”. Amaia interpretó una nueva canción, todavía sin título que hizo hace unos meses y que enamoró por su sensibilidad. Su público no le perdona que no los haya incluido en este primer disco pero confiamos en que sean parte de su segundo trabajo.

Su directo es un disco. No flaquea en ningún momento y la calidad vocal siempre se mantiene arriba, perfecta, en esa armonía y paz con el espacio. En un abrazo eterno a la delicadeza y la sensibilidad musical, Amaia vuelve a sentarse al piano para interpretar Última vez. Su voz es un regalo para nuestros oídos. A continuación, llegaba un solo de piano. Concentrada, Amaia interpreta la obra El puerto de Albéniz con el que deja a todos boquiabiertos, con la que asegura, se examinó en su último curso de piano. Su interpretación, la danza de sus dedos en las teclas es muestra de su virtuosismo y calidad musical en un instrumento que siempre le hace brillar.

Hubo tiempo también para un chotis dedicado a Madrid que Amaia no tenía pensado cantar pero como le gustó tanto, le apetecía regalárselo al público en esta segunda noche. “Canto solo el estribillo porque es lo mejor”, confesaba la joven. El chotis cautivó al público madrileño. y Amaia terminó diciendo. “Es que es un temazo”. La navarra también quiso hacer una versión muy especial al piano de Qué nos va a pasar de La Buena Vida, un grupo de Donosti que forma parte del setlist.

Fotografía: Ester Ramón

Oscuridad y un solo foco iluminando a Amaia para interpretar Un nuevo lugar, su primer single que en directo se vuelve más poderoso y especial. A este tema le siguieron Nadie podría hacerlo, Porque apareciste, Quiero que vengas y la fuerza y sensibilidad de Cuando estés triste, una de nuestras debilidades confesables. Pero sin duda, uno de los que más se disfrutaron fue la explosión de El Relámpago. Amaia empezó cantando los primeros versos al piano y luegó dejó que el público le acompañara y vaya si lo hicieron, a pleno pulmón, mientras cientos de linternas iluminaban el espacio. “Qué bonito”, dijo Amaia cuando giró la mirada. Su relámpago recorre nuestro cuerpo de forma electrizante. Un piano es suficiente para un concierto en el que pasa de todo.

A continuación, llegaba la sorpresa de la noche. “El momentazo del concierto”, tal como aseguraba Amaia antes de empezar a cantar y no se equivocaba. Sentada al piano, empieza a entonar el tema Vas a volverme loca. Pero lo que no esperábamos, acabó sucediendo. Natalia subía al escenario para acompañar a Amaia en este tema que levantó al público de sus asientos y darlo todo. Natalia y Amaia acabaron moviéndose de un lado a otro, mientras la gente se dejó la voz y la energía. El concierto llegaba a su fin con ella y su banda frente a un micrófono ambiente interpretando Nuevo verano y el acompañamiento de un público que no quiso dejarle sola. El mejor cierre para un concierto que quedará en nuestra mente para siempre porque quien nace con magia, no necesita trucos.

Gracias, Amaia. Solo pedimos volver a verte

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