‘Contarlo para no olvidar’, la mirada que todos buscan pero nadie ve

¿Sirve de algo lo que estamos haciendo?, ¿El periodismo cambia las cosas?, se preguntan Maruja Torres y Mónica García Prieto en una charla inspiradora que el Teatro Español ha llevado a escena para hacer reflexionar sobre el papel de la información en la sociedad, los retos a los que se han enfrentado como reporteras de guerra, el machismo en las redacciones o el gran desafío de las nuevas generaciones que “van a tener que pagar por trabajar”.

Contarlo para no olvidar es una visión crítica y honesta, sin prejuicios, con la mirada de unas profesionales que quieren contar una historia, que más allá de disparos, violencia y aceras ensangrentadas, presentes en cualquier guerra, se hable de las víctimas, del dolor, de lo que nadie cuenta pero está ahí, de lo que se esconde detrás de los escombros. De lo que importa y no se olvida. Una conversación que da espacio al humor, al enfado, la impotencia, la esperanza y la emoción. Dirigida por Miguel Rellán, es una obra de teatro necesaria, humana y poderosamente reflexiva. En la butaca, hay lágrimas, rabia, disfrute. Todo lo que se pide al teatro que educa la mirada. Una delicia para los periodistas que trabajan, los que luchan por hacerlo y los estudiantes que viven con pasión una profesión realmente fascinante.

contarlo para no olvidar

En un mundo en el que casi nadie se para a mirar, hay que buscar un estímulo. Rellán se dio cuenta de eso después de leer esa larga conversación incluida en el libro 5W. Fue entonces cuando decidió trasladarla al escenario con dos magníficas actrices Nuria Mencía y Nuria González. Una gran lección de humanidad, donde hay que pensar que hay mucho más allá de lo que nos llega a través de una pantalla o una hoja de papel de periódico. Hay trabajo, muchas veces a contrarreloj, sacrificio, presiones y una forma de escribir auténtica, única, siempre comprometida, pasional y elegante. Como la que siempre demostraron Mónica García Prieto y Maruja Torres en cada crónica y cobertura que hicieron y vivieron desde primera línea.

Mirar de frente a la verdad y la reflexión

Sala Margarita Xirgu. Se disponen una mesa y varias sillas que rodean la estancia. Un puente metálico las sostiene. Bajo él, un espacio simbólico que busca representar la pureza del mar que poco a poco se apaga, se desintegra como si se tratara de la franja de Gaza en medio del estruendo, tierra convertida en polvo. Ambiente de emociones sólidas, reflexiones inherentes a la magia que desprende la conversación entre ambas mujeres que recorren una aventura alentadora y pesarosa a partes iguales, donde hay aprendizaje y dolor, abrazo y desconsuelo. A través de sus voces, miramos a los ojos de esa niña escondida por el bombardeo y refugiada en los brazos de una familia anónima, de esa reportera incapaz de escribir la historia por el sufrimiento presenciado, llegamos a lugares y momentos que dejan huella. Una ya imborrable. Eterna.

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El trabajo de ambas actrices es tridimensional, humanamente preciso y pasional. Nuria Mencía es entrega desbordante, es furia y arrebato. Su energía es absolutamente embriagadora, conectada desde el inicio con la muestra de la honestidad, la magia, y la única y emotiva forma de mirar y contar de Nuria González. Esa forma de mirar de frente y de verdad.

Contar y saber mirar sí que sirve. Mucho. Es la gran lección que nos deja esta inolvidable representación.

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