el ministerio del tiempo

‘El Ministerio del Tiempo’ viaja a la Movida madrileña en su capítulo más emotivo: transitar hacia la magia

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Cuando una serie sabe mantener su esencia con el paso de las temporadas es porque las cosas están muy bien hechas. El Ministerio del Tiempo equilibra sus mejores virtudes en la nueva temporada y sabe aportar el peso justo de humor (Angustias y Alonso ganan en su vis cómica y verlos en esa dinámica ya es una necesidad), ingenio y respeto por la historia, dando un paso más y sin dejar de sorprender en ningún momento. Los cócteles bien construidos son los que más se disfrutan. En el segundo capítulo El laberinto del tiempo, había una gran dificultad: unir varias tramas en un solo episodio, sin dejar ningún frente abierto en lo que se refiere a las misiones paralelas que se desarrollan en diferentes líneas temporales. Una doble misión, una ambientada en la movida madrileña y otra en la corte de Felipe IV que se solventan con fluidez y dinamismo.

La serie creada por los hermanos Olivares no flaquea en ningún momento y traza un interesante camino. Nuevas ideas y jugadas que apelan a la creatividad y la calidad en un universo ficcional, donde la serie vuelve renovadora y brillante, algo que como espectadora se agradece. La oscuridad y la luz se entremezclan el que es uno de los mejores capítulos hasta la fecha. Cada personaje tiene su momento y su espacio y nada se deja el azar. En este capítulo, descubrimos un Pacino más vulnerable, un siempre divertido Velázquez, una Lola que sabe como disfrutar de la época más alocada y a Irene y Alonso que luchan por mantener el curso de la historia.

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El capítulo tiene un arranque fascinante con la intro del mítico programa  Un, dos, tres…responda otra vez donde por primera vez se nos presenta a uno de los fichajes estrella de la cuarta temporada, Manuela Vellés que navega en la comedia y el drama a través de su personaje. Será una de las nuevas integrantes de la patrulla que dará mucho que hablar. Carolina, una mujer que sufre maltrato en los años 80 y que viaja en el tiempo a la España del siglo XVII para salvarse.

La patrulla intenta que Carolina vuelva a su época y Velázquez pueda así pintar las Meninas y el rey Felipe IV se case con Mariana de Austria. Mientras, Lola y Pacino se adentran en la movida madrileña para que Pedro Almodóvar consiga financiación para su película Laberinto de pasiones y cuente en su reparto con Antonio Banderas.

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El retrato de Almódovar y Fabio McNamara es impecable, al igual que el trabajo de los actores Carlos Santos (sabíamos que era camaleónico pero su interpretación como Almodóvar nos lo reconfirma) y Edu Soto (hace doblete y está brillante) que están soberbios. En ningún caso se intenta hacer una copia exacta, sino que se intenta comprenderles y lograr esa sensación tan milagrosa: parece que les estás viendo a ellos. Además, en este episodio no se centran en lo puramente artificial que serían las tramas de acción como haría cualquier serie de aventuras, sino que se profundiza en temas verdaderamente importantes como la conciliación en el trabajo, el maltrato, o el reflejo de una enfermedad como el VIH/SIDA.

En lo que llevamos visto de la cuarta temporada, nos gusta que se le haya dado más peso a la mujer. Lo descubrimos en la mayor implicación de Irene Larra en las misiones y la importancia de haber dado espacio a una mujer inteligente y decidida como Lola dentro de la patrulla. A nivel interpretativo, todo el elenco ha dado un paso más en el cuidado y calidad de su trabajo, en sus capacidades camaleónicas y su generosidad ante una serie de culto como El Ministerio del Tiempo.

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El final del capítulo es poderosamente emocional, es ese broche de oro tan preciso que une bajo las misiones un sentimiento común: la emoción, el amor y el recuerdo que siguen vivos con el paso del tiempo. Suena una emotiva versión de Life of Mars de David Bowie.

El laberinto del tiempo es un transitar hacia la magia, es acoger la ambición narrativa y transformarla en un capítulo sobresaliente, una joya de la televisión que ya ha dejado huella en el tiempo.

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