natalia lacunza

El Tiny Tour, el formato más personal para el sonido de Natalia Lacunza

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Recomponerse a través de la música es la mejor medicina alternativa en tiempos de coronavirus. Han sido meses de piezas descompuestas, lágrimas y un horizonte oscuro que apenas despejaba. Pero, poco a poco, eso ha quedado atrás, sin olvidar que la responsabilidad individual tiene que seguir presente, ahora más que nunca. Los conciertos de la etapa de verano han sido una opción muy propicia y uno de los que más hemos disfrutado últimamente es el de la cantante y compositora navarra Natalia Lacunza que cada vez va ganando un espacio más que merecido en la escena musical alternativa.

Después de aplazar A Otro Lado Tour que iba a recorrer toda España, Natalia ha apostado por algo adaptable a la nueva situación. El Tiny Tour es la gira en formato reducido que ha elegido la joven para estar cerca de su público, con las medidas de seguridad e higiene adecuadas tal como pudimos comprobar el pasado 15 de agosto en su parada en Torrelavega.

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Cuando las cosas no avanzan como se espera, la música vuelve a salvarnos porque si hay algo que no ha frenado en ningún momento son las letras, las melodías y el talento que nunca caduca, el que siempre tiene algo más que contar, algo por descubrir. Es interesante volver a encontrarnos en un escenario con Natalia Lacunza, una joven con las cosas claras y un sonido que no se queda estancado, que brilla y crece con los nuevos cambios.

La navarra sabe escuchar a su público y todas las peticiones las tiene en cuenta para sus shows. Y precisamente en esa inteligencia musical que ha demostrado, encontramos el verdadero sentido de su propuesta artística. Natalia no se limita a interpretar el álbum como fue grabado, sino que concibe el directo como la oportunidad de innovar y hacer algo diferente que guarde la esencia del estudio pero adaptable al live.

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Encontramos a Natalia jugando con los matices de su voz, con la emoción quebrada del momento y una entrega que se disfrutó desde el principio. El concierto en el que estuvo acompañada por su familia, arrancaba con Algo duele más y Dile, dos temas que pertenecen a su segundo trabajo ep2. Luego se escucharon canciones de su primer EP que el público recordaba con cariño como Otras Alas, donde echó de menos a Marem Ladson y Nana Triste que desataron la emoción. Tampoco faltó Olivia, una de sus favoritas, tal como ella confesó en la presentación del tema. “Muchas brujos y brujas por aquí”, decía riendo.

Natalia Lacunza escribió Gata Negra por la necesidad de ser otra persona. De inmediato, se desató la locura entre el público. “Temazo”, gritaban. En llamas, Llueve y Olvídate de mí fueron temas que también sonaron en directo con un sonido que llevábamos buscando desde hace mucho tiempo. Un sonido nuevo, cautivador, delicado y muy honesto. En permanente movimiento. Siempre vivo. “Mis temas pueden parecer tristes pero en todos hay cierto punto de luz”, decía Natalia para dar paso a Ya te vas.

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Natalia intercaló a lo largo de todo el concierto los temas de sus dos trabajos musicales, mientras que el cambio llegaba con varias covers muy bien elegidas que hicieron del concierto un espectáculo redondo a la altura de su talento que no decepcionó a nadie. Se escuchó Ya no te hago falta de Sen Senra, que fue belleza musical en su voz, la transición de Olivia a Crazy y el temazo de una de las divas del pop, Baby one more time de Brtiney Spears que hizo que el público no pudiera dejar de moverse en sus asientos, casi al final.

En un momento de la noche, Natalia empezó a entonar “Todo bien, nada mal”, haciendo alusión a una de sus propuestas para Eurovisión. El público revolucionó en sus asientos. “Veo mucho fan de OT, a mucha honra”, decía a continuación. El concierto terminaba con Olvídate de mí con su voz como principal instrumento y una magia que se apoderó del escenario desde la primera canción.

Natalia Lacunza es de esas cantantes que se atreven a reconstruir sus temas como si fuera la primera vez que se encuentra con ese tema que tanto tiene de ella, que se siente diferente cuando se susurra de una nueva forma, cuando se canta con un sonido que empieza en otro lugar y que puede cautivarte o sorprenderte cuando quizáa en el álbum hubiera pasado desapercibido.

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¿Qué encontramos en el Tiny Tour? Mucha pureza y luz y una verdad que viajó hasta el último asiento del Festival Viva la Vida que acogió a un total de 700 asistentes. Natalia Lacunza apuesta por la desnudez de sus canciones que brillan con ayuda de los instrumentos que le acompañan en directo. Su particular forma de transmitir propia, directa y sencilla hace que el corazón palpite con fuerza cuando estamos cerca de su susurro cantado, de su voz quebrada por la emoción que parece una nana con mucha luz y con una apuesta firme que pone de relevancia el poder de lo personal.

Natalia Lacunza ha vuelto al directo con ganas y magia envolvente. Y mucha delicadeza. La misma que nos enamoró siendo Eilan Bay, y que ahora se dispara en su carrera profesional. Sus canciones ganan peso y belleza musical. La navarra ha demostrado que no hay que correr para llegar, a veces hacer las cosas a su debido tiempo tiene un resultado mucho más acertado. Natalia está en el camino correcto y cada directo suyo es un regalo para los sentidos. Repetiremos seguro. Con ella, volvemos a sentir y la música seguirá fluyendo.

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