natalia lacunza

Natalia Lacunza conquista el Festival Tomavistas: emoción en clave de grises en constante evolución

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Después de una cancelación, llega otra nueva oportunidad. Cuando se trata de la cultura, el medio más seguro en estas circunstancias, todos los intentos son pocos.

Del Parque Tierno Galván a su llegada a IFEMA, una nube lloraba lágrimas y grises en el primer día del Festival Tomavistas de Vibra Mahou. La misma nube que ilustra EP2, el segundo trabajo de la cantante y compositora Natalia Lacunza que volvía a actuar en Madrid con el “corazoncico” a punto de explotar de emoción y felicidad. Se trataba de su primer concierto en la capital después de la cuarentena y la despedida del Tiny Tour que le ha permitido seguir compartiendo su música con el público con todas las medidas de higiene y seguridad adecuadas. La lluvia cubrió el cielo de la espera y las inmediaciones del recinto se cubrieron de chubasqueros blancos. Después, apareció el sol. Todos los fans se alegraban, aunque impacientes por escuchar sonar la música (el show empezó unas horas más tarde de lo previsto, lo que aumentó el hype del momento).

Dani Costas fue la artista independiente que abrió el concierto de la pamplonesa con un sonido muy personal, navegante entre el indie y el pop, con aires mezclados con un funky realmente atractivo. La joven presentó su primer disco Veinte y llenó de color y buena vibra la inauguración de este festival. Pudimos escuchar Mira, Si te vas o una versión muy especial de Bizarre Love Triangle. Al final, en su tema Lágrimas los móviles se quedaron a un lado y el público decidió darlo todo desde sus asientos.

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Siguió la espera. La banda de Natalia formada por María Lázaro, Paula, Tere y Luz apareció por el escenario. Se sucedieron los aplausos y las caras de emoción del público no se podían ocultar. No desaparecieron en ningún momento. Es lo que sucede cuando el talento brota de las entrañas. Hay que dejarse llevar. Y por fin apareció Natalia. Llegaron los primeros vítores que luego dieron paso al silencio, necesario para llenarse de la música y el susurro de unos temas que te seducen desde el principio. La compositora abrió su concierto con A otro lado ante el alma entregada del público. Le siguieron Algo duele más y En Llamas.

Sin duda, la navarra ha ganado en poco tiempo fuerza y seguridad sobre el escenario. Entregada, emocionada y con un palpitar que traspasaba el recinto, Natalia confesó que no es esperaba que fuera a verla tanta gente. Después de los agradecimientos, llegaba una canción tan especial como embriagadora, Otras Alas que forma parte de su trabajo debut. En directo multiplica la emoción. El gusto de Natalia Lacunza es exquisito. Lo descubrimos cuando invitó a María Blaya a subir al escenario. Para ella, la creadora de una de las canciones del año. Juntas interpretaron De mí para ti. También lo reconocemos cuando anunció en primicia una colaboración en francés con VIDEOCLUB que lanzará en octubre y que interpretó por primera vez ante la sorpresa de los asistentes o cuando decidió incluir en el setlist versiones de canciones como Ya no te hago falta de Sen Senra y un mix de su tema Olivia con Crazy. Pura magia.

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Entre el público, se veía un cartel que decía “Modo avión al millón” y es que el apoyo y el cariño de los lacunzers es infinito. Algunos fans se reencontraron en el concierto, otros se conocían por primera vez y otros se llevaron a casa un recuerdo inolvidable. Y es que siempre pasan cosas bonitas cuando se trata de Natalia Lacunza y la forma que tiene de entender la música, de transportarte “a otro lado”, de doler y sanar.

También hubo tiempo para escuchar Boys, Ya te vas y Olvídate de mí, esas canciones que se mueven entre lo luminoso y lo que se crea y se siente en clave de gris, que al tiempo que llora corazones por todo el amor que lleva dentro, sufre porque hay cosas que salen mal. Cada tema es el despliegue de un sentimiento.

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Después, llegó una bonita versión de Nana triste que dejó sin habla por unos minutos. Una que destacaba la sensibilidad de una cantante que sabe que el único camino válido en la música es ser honesto y fiel a tu esencia. Contar tu historia, sentir y hacer sentir, volar. La navarra deseaba que los asistentes se sintieran identificados con las letras de sus canciones. “¡Qué parguelas!, decía entre risas”, al inicio del concierto enmarcado dentro de la primera jornada del Festival Tomavistas Extra.

Suena el eco tintado de un sonido sugerente que brota de un piano. Es Gata Negra, tema marcado a fuego en la mente de sus seguidores, que suena atractiva y melancólica. Fuerte y poderosa. El espacio se inundó de una magia incontestable cuando la joven interpretó No te veo. La delicadeza de Natalia se fundía con la emoción desatada del público que iluminó con los móviles aquel momento único.

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“Representa un poco el alter ego que a todos nos gustaría tener para enfrentarnos a ciertas cosas” “¿Sabéis cuando alguien intenta hacerte pequeñito y no le dejas?” Así presentaba y explicaba lo que era para ella la siguiente canción, Olivia. En esta ocasión, no podía bailarse, pero desde sus asientos los movimientos acompasados de cabeza acompañaron el sonido vigoroso de la banda. Llueve fue la que aceleró los latidos y la emoción siguió su curso. Natalia aprovechaba entonces para agradecer a su banda que haya permanecido a su lado durante toda la gira. Para ella, son una familia. Ejemplo de sororidad, unión y talento.

Después, llegó Dile y una versión de la mítica Baby one more time de Britney Spears que fue todo un acierto para mantener a un público entregado y pendiente de cada nota que salía de su garganta, de cada movimiento, de cada giro vocal, de cada susurro.

“Ganas de más, de mucho más”, rezaba uno de los carteles levantados por el público casi al final del concierto. Así nos deja Natalia después de cada concierto. Sin duda, su paso por el Tomavistas fue el mejor cierre para su Tiny Tour. La navarra no flaqueó en ningún momento y parecía que estábamos escuchando su disco. Se mostró imparable y emocionada, hablando con el corazón en la mano y con la mirada de alguien que está cumpliendo un sueño.  La joven sabe coger las riendas de una carrera musical prometedora y ascendente que funciona a base de luz, verdad y mucho magnetismo.

Natalia Lacunza es un bálsamo frente a lo mainstream y comercial. Artista en constante evolución. Un nudo en la garganta. Un sentimiento anidado con mesura y fragilidad. El directo de la cantante y compositora navarra es la prueba del talento transversal que brota de las entrañas, que viaja hacia lo distinto, que roza la libertad.

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