vivir sin permiso

‘Vivir sin permiso’ se despide con un final de altura: las claves de su éxito

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Hay algunas series que aparecen en el universo de la ficción con una premisa que ya hemos visto en otras ficciones, que parece que no te van a sorprender y que solo van a ser recibidas por interés por ese grupo de espectadores a los que le va la acción. Desde que Narcos (Netflix) empezó el desembarco del narcotrafico en televisión y diversas plataformas de video bajo demanda, han sido muchas las que han querido seguir su línea argumental como es el caso de El Príncipe o Fariña. Vivir sin permiso no pretende ser un retrato de esta problemática, solo se utiliza el narcotráfico como telón de fondo para hablar de todo lo demás que es lo verdaderamente importante y esto sin duda es un gran acierto. La serie protagonizada por José Coronado y Álex González se despedía en la noche del lunes con su segunda temporada. Un final de infarto que acabó de la forma más consecuente y lúcida la trama que empezó en un pazo donde las apariencias engañan y el dinero lo ciega todo.

Nemo lo tenía todo planeado para un final que no dejó ningún cabo suelto. Se desata la guerra entre los mexicanos liderados por Germán y los gallegos liderados por Nemo, donde parece que se va a derramar mucha sangre y al final, todo acaba como tenía que acabar en el mar, donde empezó todo como ya sucediera en El Príncipe. Eso en referencia a la trama. En cuanto a la ficción, ha contado en su haber con un doble triunfo: saber marcar la diferencia y distinguirse con nivel de sus competidores y haber encontrado un perfecto equilibrio de calidad, ritmo y factor sorpresa que ha funcionado en la televisión en abierto al mismo tiempo que cruzaba el charco en su asalto en Netflix. Su creador César Benítez vuelve a repetir éxito con gran ingenio, explorando con éxito terrenos que no habían sido explorados en ficción y lo hace con calidez y calidad, rodeado de un equipo actoral de primer orden.

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Imperio de la ficción española

Desde la solvencia de José Coronado un actor consagrado que se deja el alma en cada secuencia que te llena de impotencia, dolor y cientos de sensaciones con el personaje más complejo a nivel de guion, la brillantez de los secundarios que se convierten en una joya imperdible como es el caso de Luis Zahera, que da vida al escudero de Nemo, a la exploración de matices de Álex Gonzalez con una magia especial que traspasa la pantalla y un recorrido argumental que tiene que ser preciso para llegar a ser creíble y, lo consigue con una excelente ejecución. No podemos olvidar a Claudia Traisac, una actriz que siempre es un gusto ver por su dulzura y naturalidad porque sabe encontrar la forma cómo de que los espectadores conecten con sus personajes y un buen hacer interpretativo que en este caso da un paso de calidad y riesgo en su carrera. Su personaje Lara, inocente en sus inicios en un ataque de rabia, en contra de “los malos” acaba en este capítulo final en la oscuridad. Y es maravilloso como espectadora ver esa transición. Además, debemos destacar el poder camaleónico de Patrick Criado que en el papel de Daniel se revela como auténtica dinamita interpretativa.

Una de las claves del éxito ha sido la vuelta a la pequeña pantalla de Álex y Coronado que ya demostraron tener una conexión especial en El Príncipe, un dúo profesional que siempre funciona.

El amor propio que vemos reflejado en el personaje de Chon (Pilar Castro) La lucha de poder entre los contrarios y por la propia herencia  del clan Bandeira, el proceso y dureza de una enfermedad como el alzheimer, la humanidad del patriarca de un negocio millonario y la defensa de la familia por encima de todo han sido los ejes centrales de Vivir sin permiso.

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La producción de Alea Media y Mediaset España ha sabido encontrar temas de interés común con los que la audiencia pueda sentirse identificada. Al final, el planteamiento de ejecutar una ficción de series e hijos y de las relaciones personales que marcan tu vida ha calado hondo en la audiencia, que le ha convertido en argumento universal reconocible por espectadores de todo el mundo.

Una ficción que ha logrado mantener el liderazgo y que bajo la sobresaturación de contenidos, ha encontrado la forma de permanecer semanalmente en las casas de miles de españoles que le han elegido como oferta prioritaria en la noche de los lunes. Vivir sin permiso nos deja un buen recuerdo, con un final justo que acaba en la belleza de la costa gallega.

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