‘Los chicos del coro: el musical’, el pentagrama de las emociones

Una obra que entrega una emoción desmedida y que es perfectamente fiel a la película original

Los chicos del coro

1949. El Teatro La Latina se transforma en el internado ‘El Fondo del estanque’, donde un grupo de niños, algunos huérfanos, otros conflictivos, a los que el destino les ha llevado a ese lugar, buscan una razón para seguir adelante. Un espacio que parece al principio, hostil y exigente, y que empaña la felicidad de la infancia. La culpa es de su director, el señor Rachid, un hombre serio, rudo, insensible con los pequeños y férreo en las formas. Pero todo cambia con la llegada de Clément Mathieu, un hombre que es todo bondad y que inunda de luz el mundo de esos niños que hasta entonces solo habían conocido la oscuridad. Una historia que reivindica la labor social en la educación, en este caso a través de la música. La mejor forma de redención y de forjar el desarrollo de su personalidad.

Adaptación de la película Les choristes, imprescindible de los 2000, dirigida por Christophe Barratier, se inspira en el clásico francés La Cage aux rossignols (La jaula de los ruiseñores). Dirigido por Juan Luis Iborra, este musical es todo lo que necesitamos ver aquellos que amamos el arte, los que de vez en cuando, en medio de la rutina y el caos, queremos una dosis de vida, disfrute y emoción.

Los chicos del coro

El dramaturgo Pedro Víllora, autor del libreto de la versión española sabe dar en la tecla perfecta para ofrecernos un pentagrama que funciona a la perfección: la inocencia, el amor más puro, la belleza de la solidaridad y la necesidad de humanizar una historia en la que el público no se sentirá defraudado. Todo lo contrario. Se verán sorprendidos por la gran semejanza que tiene con la original en el guión y en el diseño de los personajes. Una trama que mantiene la esencia y se permite la licencia de algunos cambios que mejoran y engrandecen el atractivo de la narración.

En el musical, por ejemplo, dotan de valor y presencia a la figura femenina a través del personaje de Langlois que en este caso es una mujer e innovan al incluir a algunas niñas en la clase de los niños protagonistas. Todas ellas tienen además su número musical, donde hay que destacar el talento y manejo escénico de Eva Diago que comparte algunos de los momentos más divertidos de la obra. La actriz que ha participado en numerosos montajes como Mamma Mia, Los Miserables o La Jaula de las locas, interpreta a la profesora que se convierte de alguna forma en la gran confidente de Mathieu.

Los chicos del coro

A nivel musical, encontramos las mismas canciones que forman parte de la banda sonora de la película y algunas que se han añadido  y que son todo un acierto con la letra en español (tiene sentido al ser una adaptación para nuestro país). Una interpretada por la madre y otra interpretada por la profesora y las niñas que se convierten en alumnas del internado porque su colegio está en obras. Además, fue especialmente emocionante la interpretación final donde el reparto infantil nos regala un mashup de Les avions, Caresse sur l’océan y Vois sur ton chemin , entre otras,  con el impecable trabajo de los músicos Isabel FernándezAdrián Merchán, Rebeca García y Luz Fernández.

Desbordante de ternura y sensibilidad, Los chicos del coro es un montaje con muchos puntos fuertes que hace que el espectador no despegue la vista en ningún momento del escenario, con los sentimientos a flor de piel. Uno de esos anclajes es sin duda su magnífico casting, donde todos destacan y tienen su momento sobre las tablas del teatro. Jesús Castejón se mimetiza de una forma milagrosa con Clément Mathieu, ofreciéndonos además un registro vocal en el que aun no le habíamos visto y que resuelve perfectamente. A través de su verdad nos trae el anhelo de esos buenos profesores que se quedan en el recuerdo con el paso de los años. Impecable el trabajo de Rafa Castejón, actor con una larga trayectoria interpretativa que consigue transmitirnos la personalidad oscura y férrea de su personaje, algo que no resulta nada fácil pero que el actor logra desde su primera intervención.

Los chicos del coro

No podemos olvidarnos del siempre brillante trabajo de Natalia Millán que interpreta a Violeta Morhange. Natalia es de esas actrices que siempre hace gala de su verdad y profesionalidad, cada personaje que intepreta deja huella y esta vez vuelve a suceder. Además, destaca su dominio vocal que siempre emociona sobre los escenarios. Por su parte, Iván Clemente que interpreta al rebelde y peligroso alumno Pascal Mondain que viene pisando fuerte y sabe manejar la garra y la intensidad de su personaje con una mirada que asusta de la primera a la última butaca.

Noa Álvarez: un Pepín que enamoró al público

los chicos del coro
El director Juan Luis Iborra junto a dos de las actrices del musical

Y del reparto infantil, hay poco que decir. Todos ellos están brillantes, tiernos y con un talento que asombra por su corta edad. Si precisamente llegan al público es por la frescura, por el amor que ponen en este proyecto y porque saben estar a la altura de un proyecto musical de primer nivel. Queremos destacar la magia que creó Noa Álvarez como Pepín que desató las lágrimas de los asistentes en la última escena de la función, al que todos queríamos abrazar. “Quiero ser padre” o “Me quiero llevar a Pepín a mi casa” fueron algunas de las frases que se escuchaban entre los espectadores ese jueves de abril en el que salimos con una eterna sonrisa. También sorprendió por su gran parecido al personaje de la película Miguel Sánchez como Pierre Morhange que hizo un trabajo tan bien cuidado, haciendo gala de una voz que llegaba al alma.

Los chicos del coro: el musical humaniza, emociona, educa y nos entrega el pequeño momento de felicidad que todos necesitamos. El resultado del trabajo bien hecho da sus frutos en un montaje brillante.

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