Natalia Lacunza: la emoción imprevisible y renovadora de sus versiones en acústico

Natalia Lacunza

Natalia Lacunza estrena con gran éxito las versiones en directo y acústico dentro de VEVO Originals.

Hipnótica y reveladora. Así es la presencia escénica y el valor artístico de una cantante y compositora que se deja el alma para transportarnos a un nuevo lugar, milagroso y poderosamente emocional. Su directo supera cualquier grabación en estudio y la mejora. El ejercicio vocal que nos muestra en las versiones en acústico de Olivia y Otras Alas son de una honestidad y una excelencia que sorprende para una chica de 20 años.

La de Pamplona, que desnuda su sensibilidad y muestra su fortaleza en sus propias canciones está construyendo el mejor camino, ese en el que ya no importa el éxito ni el número de visitas, sino crear letras y canciones que fluyen sin más, unas veces en el silencio de su habitación y otras en un estudio convertido en casa, rodeada de un grupo de personas que de una forma u otra entendieron que la esencia es la mejor forma de empezar en el mundo de la música.

Natalia Lacunza

Su EP Otras Alas es un abrazo a la sencillez y el corazón. Canciones de una belleza inigualable. Un EP que nace para sentirse en acústico, con una voz y una guitarra, con los silencios que se adueñan del lugar para dejar espacio al talento más puro. Miradas que hablan y te cuentan una historia que te crees porque nadie antes te lo había contado de esa forma tan sincera y honesta.

Natalia siempre brilla. En las calles de sus infancia. A través de la pantalla, ante la mirada atenta de miles de personas, aquí y al otro lado del charco, en directo y en grabación, cantando, creando y bailando, sintiendo su propia música y apostando por un estilo que nace de su interior para llegar a lo más profundo del alma. La voz de Natalia enamora en los tonos más bajos que parecen susurros y en esos agudos tan limpios y perfectos. Natalia sabe jugar con las armonías, los silencios y las cadencias. Siempre a su manera, sin pretensiones, sin querer parecerse a nadie. Solo siendo ella misma, sabe encontrar el sonido preciso entre la sensibilidad y la fuerza, la magia y el desgarro.

Marem Ladson y Natalia, dúo de belleza inconfundible

Natalia Lacunza y Marem Ladson

Entre las cuerdas rasgadas de la guitarra de Marem Ladson, Natalia se encontró y pudo abrazar la libertad. En un ejercicio de pura honestidad y sororidad, Marem se coloca frente a Natalia para transportar al público a esas otras alas, las que solo ellas conocen que van más allá de la letra y significan algo que solo ellas entienden porque nacieron de una conversación en las que las dos se reconocieron y emocionaron. Los primeros acordes y las voces de ambas se unen como si fueran una sola. Sus voces conectan a la perfección y regalan una versión que enamora.

A veces pareciera que la guitarra ni está, aparece casi imperceptible porque sus voces, su sensibilidad y su talento se abren paso y cogen fuerza ante cualquier otro sonido. Aunque se respetan las canciones originales, hay matices maravillosos que necesitan más de una escucha. Como ese tarareo en  Olivia convertido en caricia al alma que es una joyita y que lleva a un nivel incalculable o el momento estelar de Otras Alas en el que las voces de Marem y Natalia se unen en un acto de generosidad y magia inconfundibles.

A veces no apreciamos el talento hasta que lo tenemos enfrente. Natalia no necesita trucos. Hay algo que sin tener explicación te llega, te alcanza el corazón y la joven lo hace cada vez que se pone frente a un micrófono. Cuando tenemos un diamante, hay que saber cuidarlo, mimarlo sin caer en la excesiva explotacion comercial.

Antes Elian Bay, ahora Natalia Lacunza. Una joven que se abre en canal, que te desgarra por dentro, la promesa musical más consolidada en este último año, un año para experimentar, probar nuevos sonidos y encontrarse a sí misma, a ese yo artista convertido en abrazo de muchos fans que gritan que la música siempre llevará su nombre escrito entre acordes desdibujados y una libreta de historias que llegan sin previo aviso para dejarte sin palabras.

Natalia Lacunza empezó escribiendo su camino entre unas ventanas de avión que se abrieron a lo desconocido para descubrir otras alas, mientras que antes llegaron Quédate o Fire and gasoline porque el talento cuando se tiene solo hay que echar la vista atrás para darte cuenta de qué lo que tú viste llegó antes, mucho antes de lo que pensabas. Natalia siempre tuvo ángel. Nosotros lo vimos y lo sentimos. Gracias por soñar y creer fuertemente en tu talento, por atreverte y no tener miedo, por seguir mirándote en esa niña que canta desde que tiene uso de razón. Vuela y vuelve, siempre. Te estaremos esperando y apoyando.

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