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‘Outer Banks’, la fórmula adolescente que triunfa en Netflix pero con un relato que pide a gritos una visión más realista

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La lucha de clases, el poder de la amistad y el amor de verano son los ejes centrales de la nueva serie de adolescentes de Netflix. Un planteamiento de entretenimiento efímero que cumple con las expectativas de los más jóvenes, sin aportar casi nada interesante

Carolina del Norte. Un océano infinito se abre paso en un verano lleno de nuevas oportunidades. Cualquiera querría formar parte de la pandilla de los Pogues que viven una aventura atípica a la par que interesante, donde la tensión y la intriga se consolidan como los puntos fuertes de la trama. Persecuciones en lanchas motoras, amores prohibidos y pasionales, rebelión contra las clases altas, quebrantar las normas establecidas en busca de la verdad y una amistad que se plantea invulnerable.

John B. (Chase Stokes), perseguido continuamente por los servicios sociales después de que su padre haya desaparecido en el mar sin dejar rastro, lidera el grupo de amigos que se embarcarán en un  misterioso viaje e intentarán evadirse de la rutina, unos trabajando para los ricos y otros, con los problemas familiares de turno como en el caso de JJ (Rudy Pankow), arrastrado por su padre alcohólico a la mala vida.

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Outer Banks puede que no sea la mejor serie de la plataforma pero sí es una de las que sabe exprimir sus virtudes. Es una serie de enganche fácil si eres de los que no piensa demasiado en los detalles, especialmente después de los primeros capítulos, donde crece en interés e intensidad narrativa. La serie creada por Josh Pate y dirigida por Jonas Pate, cumple con el cometido que buscan los usuarios de Netflix: entretenimiento, amor y misterio en un ambiente paradisíaco y nada costumbrista. Una aventura juvenil que encaja perfectamente en la universalidad y narración de las series de la plataforma.

Es cierto que Outer Banks empieza sin sorprender demasiado, con un ritmo débil pero que sin embargo va creciendo con el paso de los capítulos. El hecho de que los protagonistas sean un grupo de jóvenes aventureros, hace que el interés del espectador se enfoque en ellos, en sus idas y venidas y eso, casi sin esperarlo, puede ser su gran caballo ganador.  A pesar de que flaquea en la narración y el guion se compone de demasiadas incongruencias, es una serie para disfrutar especialmente cuando el relato ahonda en la trama de misterio que hará que quieras ver la temporada casi del tirón. Si eres de fácil enganche, te pasará esto. La ambientación y el aprovechamiento de las localizaciones es la pieza clave y una de las mejores cosas que nos llevamos de esta serie: es un gusto disfrutar de esos paisajes, los juegos de luces y una presentación visual y fotografía cercana a los 80 que encaja perfectamente. (recuerda a Stranger Things de forma inevitable).

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Una isla que tiene dos bandos: los ricos ( los Kooks) que van con aires de superioridad y los humildes, los trabajadores (los Pogues) que encuentran en ese lugar la oportunidad de generar ingresos que les permitan resistir durante el resto del año. Es interesante a nivel de relato el contraste que se produce en el carácter de ambos. Los jóvenes protagonistas de la ficción pertenecen al segundo bando. Como espectadores, es interesante descubrir sus inquietudes, su lucha contra la riqueza y las injusticias. Además, es una historia sobre la amistad y una búsqueda hacia la verdad sobre un tesoro que cambiará sus vidas para siempre.

Falta consistencia y coherencia en el relato, algo que pensamos podría subsanarse en la segunda temporada en la que ya están trabajando. Si reflexionamos en los detalles, es una ficción bastante alejada a la realidad de los jóvenes, quizás ayudaría si se intenta diseñar un planteamiento algo más representativo y fuera equilibrado con la parte de ficción de la que no debe deshacerse.

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Sin embargo, los personajes logran empatizar con el público. Todos pueden presumir de ser guapos y tener una luz especial que hace que no puedas dejar de mirarles. También, en sus desgracias vitales, conectamos, aunque un desarrollo más lógico, sin abusar de los diálogos sin consistencia y apostar por cuestiones con la que el público pueda identificarse. Sin duda, la buena elección de un plantel joven formado por Madelyn Cline, Chase Stokes, Rudy Pankow, Madison Bailey y Jonathan Davis, con la viveza y la energía que desprenden puede ser un buen punto de partida que de cara a una nueva entrega de Outer Banks, puede hacer corregir los errores y presentar un producto a la altura. Esta serie permite que podamos seguir los pasos de los actores y actrices en redes sociales. En mi caso, fue un gran descubrimiento el talento musical de Madison Bailey.

Si Outer Banks corrige los errores de su relato y se refugia en sus virtudes, podemos estar ante una gran serie. Habrá que esperar.

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